Criptomonedas en Belarus: qué se sabe, qué pasa y por qué no hay proyectos reales
criptomonedas en Belarus, un fenómeno silencioso donde el gobierno no las prohíbe, pero tampoco las protege, y donde los usuarios operan en la sombra sin apoyo institucional. También conocido como uso de cripto en Europa del Este, este caso es único: no hay banca digital, no hay exchanges locales, y sin embargo, miles de personas las usan para salvar sus ahorros de la inflación y el control estatal.
Belarus no es como Venezuela o Afganistán, donde la cripto es una necesidad de supervivencia. Tampoco es como El Salvador, donde se convirtió en ley. Aquí, el gobierno de Lukashenko permitió en 2017 la minería y el uso de criptomonedas dentro de un parque tecnológico llamado High-Tech Park, una zona económica especial donde empresas de tecnología pueden operar con exenciones fiscales y sin regulación financiera tradicional. Pero fuera de ese parque, todo sigue siendo gris. No hay bancos que acepten Bitcoin, no hay cajeros automáticos de cripto, y los intercambios locales que intentaron nacer desaparecieron en meses. Lo que sí hay son trabajadores que reciben salarios en USDT, emprendedores que pagan proveedores en Ethereum, y familias que envían dinero al extranjero usando Binance P2P.
Lo curioso es que, a pesar de este entorno hostil, Belarus no ha lanzado una moneda digital estatal como otros países. Tampoco ha arrestado a usuarios como los talibanes en Afganistán o como Marruecos intentó hacer. Simplemente ignora el tema. Y eso, en realidad, es peor. Porque cuando no hay reglas, no hay protección. No hay reclamos legales si te estafan. No hay ayuda si tu billetera se pierde. Y los proyectos cripto que intentaron arrancar desde allí —como los pocos tokens de DeFi que aparecieron en 2021— murieron sin que nadie los notara. No había comunidad, no había liquidez, y menos aún, confianza. El blockchain Belarus, una red de uso local que nunca llegó a despegar, por falta de interés real y por la ausencia de incentivos económicos, se convirtió en un espejismo. Hoy, lo único que funciona es el uso individual, no el ecosistema.
Si buscas en las bases de datos de exchanges o en los registros de airdrops, no encontrarás proyectos de Belarus. No hay tokens nativos, no hay DEX locales, no hay DAOs. Solo hay personas. Personas que usan cripto no por moda, no por especulación, sino porque es la única forma de tener control sobre su dinero. Y eso, en un país donde el banco central controla cada movimiento, es una revolución silenciosa.
Lo que encontrarás aquí son artículos que no hablan de Belarus como un hub cripto, sino como un laboratorio de supervivencia digital. Casos reales de personas que usan USDT para pagar facturas, de empresas que evitan el sistema bancario, de mineros que operan en garajes con electricidad barata. No hay fanfarrias. No hay promesas de riqueza. Solo hechos duros, sin filtros. Porque en Belarus, la cripto no es un negocio. Es una herramienta de resistencia.