En noviembre de 2017, Marruecos prohibió oficialmente todas las actividades relacionadas con criptomonedas. Bitcoin, Ethereum, minería, intercambios y DeFi se volvieron ilegales por decreto del Office de Changes y el Bank Al-Maghrib, el banco central del país. La justificación fue clara: temían la pérdida de control sobre el flujo de capital, el lavado de dinero y la amenaza a la soberanía monetaria. Pero lo que nadie esperaba era que esa prohibición no mataría el mercado… lo empujaría a la sombra.
El mercado que no murió
A pesar de la ley, el uso de criptomonedas en Marruecos no se detuvo. Al contrario. Según análisis de AInvest, alrededor de 1,2 millones de personas -el 3,2% de la población- habían usado cripto entre 2018 y 2024. El mercado subterráneo creció a una tasa anual compuesta del 19,7%. En 2018, el valor mensual promedio de las transacciones era de 8,2 millones de dólares. Para 2024, ese número había subido a 47,6 millones. Eso no es un pico temporal. Es una tendencia sostenida, incluso bajo presión legal.
La mayoría de los usuarios recurren a plataformas internacionales como Binance, Bybit y OKX. Pero no pueden acceder directamente. Necesitan una VPN -el 76% usan NordVPN o ExpressVPN, pagando entre 120 y 180 dirhams al mes. Sin ella, el acceso está bloqueado. Y aunque las plataformas son globales, las transacciones son locales. La mayoría de los intercambios ocurren por WhatsApp y Telegram, en grupos privados de 50 a 200 personas. Aquí no hay interfaces de usuario limpias. Hay mensajes de voz, fotos de recibos de transferencia bancaria, y códigos de verificación intercambiados en silencio.
¿Qué se negocia y por qué?
El activo más popular es Bitcoin, con el 57,3% del volumen total. Le sigue Ethereum (22,1%) y el USDT (15,8%). Los stablecoins ganan terreno porque reducen la volatilidad. Muchos usan cripto para recibir remesas del extranjero. Un trabajador marroquí en España o Francia puede enviar dinero a su familia en Fez o Casablanca sin pasar por Western Union, que cobra hasta un 10% en comisiones. Con cripto, el costo cae al 3-5%, aunque el tiempo de liquidación puede tardar hasta 72 horas.
El 44% de las transacciones son para remesas. El 31% son para especulación. Solo el 8% se usan para pagar productos dentro de Marruecos -porque casi ningún comerciante acepta cripto legalmente. Eso no impide que algunos lo hagan en la sombra. Una tienda en Rabat puede aceptar USDT a cambio de ropa, pero solo si conoces al dueño. O si alguien te lo recomienda en un grupo de Telegram.
El costo de operar en la sombra
Operar en este mercado no es fácil. Las comisiones son altas: entre el 3,8% y el 5,2% por transacción, frente al 0,1-0,5% en mercados regulados. ¿Por qué? Porque cada operación requiere un intermediario. No hay cajeros automáticos de cripto. No hay exchanges locales. Tienes que encontrar a alguien que tenga dólares o euros y esté dispuesto a cambiarlos por Bitcoin. Esa persona se lleva un porcentaje. A veces, 2%. A veces, más.
Y hay riesgos reales. El 32% de los usuarios ha sufrido fraude: vendedores que desaparecen después de recibir el pago. El 27% ha tenido retrasos de más de 96 horas en recibir fondos. Un usuario de Reddit, u/CryptoDarija, escribió: "He hecho 147 transacciones en tres años. Gané 22.000 MAD, pero perdí 3.500 en un solo engaño". Los grupos de confianza se construyen con el tiempo. Los nuevos usuarios tardan en promedio 8,2 semanas en aprender cómo evitar estafas. Los más experimentados hacen 3,7 transacciones por semana y cobran una "comisión de red" del 1,5-2,5% por cada operación que facilitan.
La puerta que se abre
En noviembre de 2024, el gobernador del Bank Al-Maghrib, Abdellatif Jouahri, anunció algo inesperado: el gobierno estaba preparando una ley para regular las criptomonedas. No para prohibirlas más. Para controlarlas. El borrador, que se espera entre en vigor en el tercer trimestre de 2025, incluye cinco pilares: KYC obligatorio, AML/CFT para reportar actividades sospechosas, licencias para intercambios (con costos de hasta 200.000 dirhams), un impuesto del 15% sobre ganancias de capital, y supervisión de ICOs por la AMMC.
La lógica cambió. Antes, la prohibición era una barrera. Ahora, la regulación es un filtro. La propia banca central reconoció en su evaluación interna de 2024 que solo el 4,3% de los casos de fraude relacionados con cripto estaban vinculados a actividades ilegales. El verdadero problema no era el crimen. Era la falta de protección al consumidor. La gente perdía dinero. No por lavado, sino por estafas, malas prácticas y falta de transparencia.
¿Quién usa cripto en Marruecos?
El perfil del usuario típico es claro: joven, urbano y con ingresos medios-altos. El 68% tiene entre 18 y 35 años. El 83% vive en ciudades con más de 500.000 habitantes. El 72% gana más de 10.000 dirhams al mes. Son personas que ven en la cripto una salida a un sistema financiero tradicional que les excluye. No tienen acceso a tarjetas internacionales. No pueden abrir cuentas en bancos extranjeros. Pero sí pueden descargar una app, usar una VPN, y conectarse con alguien en Casablanca que les venda Bitcoin.
El mercado subterráneo representa el 18,7% de toda la actividad cripto en el norte de África. Solo Egipto, que ya tiene un entorno regulado, supera a Marruecos. Y eso, a pesar de la prohibición. Eso dice algo. La demanda no se puede apagar con una ley. Solo se puede canalizar.
Lo que no cambiará
La nueva ley no permitirá que las empresas paguen salarios o facturas en cripto. El gobierno sigue bloqueando su uso como medio de pago comercial. El sistema bancario tradicional sigue siendo el único canal legal para el comercio internacional. Pero para los individuos, para las remesas, para los inversores, el camino se está abriendo. El objetivo del gobierno, según la ministra de Finanzas Nadia Fettah Alaoui, es convertir a Marruecos en "un centro regional de fintech en el norte de África".
Los analistas estiman que, tras la regulación, el mercado podría crecer un 35-40% en 18 meses. Y que el riesgo para los consumidores caerá un 62%. Porque cuando algo sale de la sombra, también sale de la impunidad. Los estafadores no desaparecerán. Pero ahora tendrán que enfrentar leyes, licencias, auditorías y sanciones.
Lo que queda por ver
La transición no será fácil. Muchos usuarios que operan hoy en la sombra no quieren pasar por KYC. No quieren dejar rastro. Algunos dejarán el mercado. Otros lo harán más grande, más organizado, más profesional. Los intermediarios locales -esos que facilitan transacciones en WhatsApp- podrían convertirse en los primeros agentes autorizados. Las redes de confianza, que hoy son informales, podrían convertirse en las primeras plataformas licenciadas.
Lo que sí es cierto es que la prohibición fracasó. No porque la gente sea rebeldes. Porque la tecnología y la necesidad son más fuertes que las leyes mal diseñadas. Marruecos no está adoptando cripto a pesar de la prohibición. Está adoptando cripto porque la prohibición existió. La ley creó un vacío. Y la gente lo llenó. Ahora, el gobierno solo está tratando de ponerle puertas al campo ya abierto.
La prohibición no mata el mercado, lo vuelve más fiero.
En Cádiz también había gente que compraba BTC en el mercado negro con euros en efectivo. La tecnología siempre encuentra su camino. No es rebeldía, es supervivencia.
O sea que ahora el gobierno va a cobrar impuestos por lo que ya estaba pasando en silencio... clásico. 😒
La historia se repite: prohibir algo que la gente necesita es como tapar un volcán con un pañuelo. La demanda no se desvanece, se vuelve más oscura, más peligrosa, más cara. Lo que Marruecos hizo no fue proteger su economía, sino ignorar la realidad digital de sus ciudadanos. La regulación no es una victoria, es un reconocimiento tardío de un fracaso.
Me encanta cómo la gente se organiza en grupos de WhatsApp para intercambiar cripto. Es como una red de confianza ancestral, pero con códigos de verificación y recibos de transferencia. No es tecnología, es comunidad. Y eso no se puede prohibir.
En Argentina también pasó lo mismo con el dólar. La gente no espera permiso para sobrevivir. Si el sistema no te da, tú lo construyes. Las criptomonedas no son una moda, son un puente.
¿Sabes qué es lo más jodido? Que los que más pierden son los que no saben cómo usarlo. El 32% de fraude no es casualidad, es un sistema que explota la ignorancia. El gobierno debería haber invertido en educación, no en bloquear IPs.
El hecho de que el 83% de los usuarios vivan en ciudades con más de 500k habitantes no es casual. Es una señal clara: la digitalización financiera no llega a las zonas rurales porque no hay infraestructura, no porque no haya necesidad. La regulación debe incluir educación financiera, no solo KYC. Sin alfabetización digital, cualquier ley es una trampa para pobres.
Binance no es un lugar para personas normales. Es un mercado de futuros para traders que viven en el futuro. Marruecos no está adoptando cripto, está adoptando una élite tecnológica que no representa a la mayoría. La regulación solo va a legitimar a los que ya ganan, y dejar a los demás en la sombra, pero ahora con impuestos.
La parte más interesante es que el 44% de las transacciones son remesas. Esto no es especulación. Es el sustento de familias. El banco central debería estar celebrando esto, no tratando de controlarlo.
Yo lo vi en Tánger: un tío que vendía BTC por euros en un café. Sin app, sin VPN, solo un WhatsApp y un QR. No era un hacker, era un abuelo que quería ayudar a su nieto en España. La tecnología no es para geek, es para gente normal que no tiene otra opción.
Otra vez los gobiernos se quedan atrás. No es que la gente sea rebelde, es que el sistema es obsoleto. ¿Por qué no se les ocurrió antes crear un peso digital? Porque les da miedo perder el control. Pero ya no lo tienen.
El modelo de intermediarios locales es fascinante. Es una economía informal que ya funciona como una blockchain descentralizada. Lo que el gobierno debería hacer es licenciar a esos intermediarios, no reprimirlos. Ya tienen la confianza, la red y la experiencia. Es la mejor base para una regulación real.
Oye, ¿y si en vez de ponerle puertas al campo, el gobierno construye un nuevo campo? ¿Y si crean una criptomoneda nacional respaldada por el dirham? Así controlan, pero también benefician. ¿Alguien ha pensado en eso?
Pero... ¿no es esto una violación de la soberanía monetaria? El dinero es poder. Si cualquier persona puede crear su propia moneda a través de una VPN, ¿dónde queda el Estado? ¿Dónde queda la ley? ¿Dónde queda la responsabilidad? Esto no es progreso, es anarquía disfrazada de innovación.
No me digas que no lo viste venir. Cuando el sistema falla, la gente inventa uno nuevo. El problema no es la cripto, es que el banco central no escuchó. Ahora quieren cobrar impuestos por lo que ya estaba pasando. Qué bonito, ¿no?
La prohibición creó el mercado. La regulación lo domesticará. Pero la esencia no cambia: la gente quiere libertad financiera. No importa la ley.
Si tu familia depende de remesas, no te importa si es ilegal. Te importa que llegue. Punto.
Lo que más me conmueve es que esto no es un fenómeno de elite. Es de madres que reciben dinero de sus hijos en Francia, de estudiantes que pagan clases en línea, de artesanos que venden en línea. Es la economía real, la que no aparece en los informes del banco central.
La regulación es un fraude disfrazado de progreso. KYC significa que ahora el gobierno sabrá quién tiene qué. ¿Y si lo usan para perseguir a disidentes? ¿Y si lo usan para congelar cuentas sin juicio? La historia nos enseña que el control financiero siempre termina en control social.
Marruecos es un país árabe. ¿Por qué se creen que pueden competir con Silicon Valley? Esto es un error cultural. El dinero debe estar bajo control, no en manos de jóvenes que usan VPN. Esto no es progreso, es decadencia.
Y yo que pensaba que lo de las criptomonedas era solo un fenómeno occidental... hasta que vi a mi tía en Guadalajara recibir dinero de su hermana en Tánger por Telegram. Lloré. No por la tecnología, sino por la humanidad que hay detrás. Porque detrás de cada transacción hay una madre, un hijo, un sueño. Y nadie puede prohibir eso.
Yo digo que la regulación es una trampa. Si te registras, te rastrean. Si no te registras, te acusan de fraude. ¿Qué ganamos? Nada. Solo más burocracia y menos libertad.
La clave está en los intermediarios. Esos que facilitan transacciones en WhatsApp. Son el eslabón perdido. Si el gobierno los convierte en agentes autorizados, no solo reduce el fraude, sino que crea empleo formal. Es una oportunidad única de transformar la economía informal en una red de microempresas legales.